TEXTOS
 
 Teddy CruzTexto que acompaña la primera edición del libro Vivir en la tierra. Edhasa-Blume, Buenos Aires. 2012
 

VIVIR EN LA TIERRA: LA PRAXIS DEL ESPACIO

Por Teddy Cruz

 

Siempre he pensado que lo que entendemos por ‘interdisciplinariedad’ debería volverse mas complejo. Actuar interdisciplinariamente no solo significa un proceso de ‘intercambio’ de puntos de vista desde la singularidad y el aislamiento de nuestros campos creativos, sino que tiene que ver más con la posibilidad de contaminarnos mutuamente, de intercambiar no solo imágenes sino nuestros propios procedimientos. Apropiarnos de la praxis del ‘otro,’ para después regresar a nuestro propio campo y solo así retar nuestros protocolos y nuestras convenciones de representación. Es por eso que esta oportunidad de ‘leer’ Vivir en la Tierra implica una reflexión propia; una lectura de este trabajo artístico a través de mis propios métodos conceptuales y de intervención artística; lugar desde donde expandir mi propia práctica: el papel contemporáneo de la arquitectura y el urbanismo.

Al entrar en estas imágenes, es imposible no sentirse sacudido por esos espacios y sus miradas. Uno no puede dejar de observar con detalle cada centímetro de espacio, textura y expresión facial. Estos interiores son biográficos, los objetos hablan, son portavoces de un proceso de supervivencia. Es más, son evidencia de un sin fin de condiciones inscritas en ellos: no solo hablan contundentemente de la disparidad del desarrollo urbano, la relación de lo marginal con la centralidad de la historia oficial de la ciudad, sino también de la imposibilidad de documentar sus temporalidades y contingencias socio-económicas, de lo informal como praxis, la traducción de los procesos, las cosmologías de lo cotidiano, la acumulación consumista dentro de la precariedad, el entrelace del tejido social y el material, las políticas laborales y la auto-construcción del suburbio periférico, las utopías modestas, las arquitecturas débiles y los urbanismos del desecho. En estas imágenes convergen todos estos temas, y por eso creo que son manifiestos de la urbanización contemporánea. Son representaciones de nuestra propia crisis, donde continuamos construyendo nuestra praxis artística a través de la ausencia y la marginalidad. Producir una reflexión a partir de estas imágenes implica entonces entrelazarlas con algunos de estos temas, complicando su lectura a través de mis propias preguntas acerca de la relación entre el arte, la arquitectura y el urbanismo contemporáneos.

 

Proximidad Crítica: El reencuentro con los márgenes
La revisión de nuestros procedimientos y metodologías artísticas es fundamental en nuestros tiempo, principalmente cuando nuestra actualidad la conforma el conflicto mismo, a través de temas económicos, socio-políticos y ambientales, un sentido de crisis universal. La necesidad de expandir los protocolos convencionales del arte, sus prácticas operativas y sus zonas de investigación e intervención puede ser el resultado directo de una cierta insatisfacción con la idea del arte como un proyecto auto-referencial, apolítico, cuya idea de experimentación estética ha dependido de una ‘distancia critica’ a las instituciones y sus realidades socio-políticas. El resurgimiento de muchas practicas artísticas activistas en nuestro tiempo buscan, en vez, un proyecto de ‘proximidad crítica’ con las instituciones para intentar transformarlas desde dentro, produciendo nuevas categorías estéticas que problematicen la relación entre lo socio-económico, lo político y lo formal. Esto significa también cierta necesidad de cuestionar el ‘love-affair’ que el arte y sus instituciones han tenido en los últimos años con el mismo sistema de exceso económico que produjo la crisis actual.

Todo esto representa un cambio de paradigma mas allá de la autonomía de la estética por la estética misma, buscando en vez una idea del arte como sistema relacional, compenetrado de los dominios socio-políticos y económicos que han permanecido periféricos a las instituciones culturales, como también retar el sentido de incapacidad que se le ha otorgado al arte para confrontar las realidades de inequidad social y económica. Este cambio de mirada responde también a la urgencia de proyectar un nuevo paradigma que sugiera que no es desde los lugares de abundancia económica, los epicentros de consumo cultural, sino los sitios de escasez, precariedad y conflicto desde donde se movilice una nueva noción de producción cultural, como también desde donde se generen las ideas que transformen radicalmente nuestras nociones de sustentabilidad social y ambiental. Es en la periferia donde las condiciones de emergencia social y económica vuelven a cuestionar nuestros métodos tradicionales de intervención artística y arquitectónica en la ciudad.

Urbanismos de contingencia: Lo marginal como sitio de producción
La gran euforia por la explosión urbana y la celebración de la ciudad global en los últimos años –antes de que la gran burbuja económica del capitalismo internacional desenfrenado se desinflara en 2008- debería de haberse contextualizado en tándem con la explosión de los asentamientos informales, los sectores de crisis y pobreza que estos enclaves de riqueza también produjeron. Por cada enclave de sobre-producción y consumo económico siempre existe a su lado un anillo de escasez y necesidad que lo rodea. Enclaves de precariedad producidos por urbanismos de desigualdad económica y política, donde residen ahora más de dos billones de personas en el mundo; hechos de comunidades laborales inmigrantes, grupos desplazados por violencia metropolitana y rural o refugiados de catástrofes urbanas. Estas comunidades periféricas son, al final, la manifestación física de la indiferencia de las instituciones públicas y privadas hacia la democratización de la ciudad, la vivienda y la infraestructura social.       

Pero dentro de cada urbanismo de precariedad siempre hay un urbanismo de promesa. O visto de otra manera, cada urbanismo de control contiene un urbanismo de insurgencia. Estos enclaves informales son lugares marginales pero también contienen dinámicas operativas que solo la supervivencia socio-económica puede detonar y que deberían estar en el centro de nuestro debate en relación a la construcción de la ciudad contemporánea. El urbanismo informal surge del residuo que queda después de que la arquitectura con ‘A’ mayúscula deja de funcionar y se convierte en el andamio tenue para anticipar la inclusión social. Estos urbanismos informales también surgen de ciertas operaciones funcionales que transgreden límites políticos impuestos y recetas de desarrollo excluyentes, y dentro de ellos, más allá de su imagen de pobreza, existen los trazos de una inteligencia social creativa que las instituciones y políticas publicas deberían de apoyar de una manera más inteligente. Son estos lugares marginales y su inteligencia social los que deberían catapultar una nueva visión política y económica inclusiva del desarrollo urbano.

Me refiero a que deberíamos visualizarlos no solo como desechos urbanos sino como lugares de producción espacial. Lo informal no solo es una imagen de precariedad sino que es, primordialmente, una praxis. Estos son espacios hechos de contingencia humana y social, de una liviana relación temporal con la topografía, de tácticas de reciclamiento, adaptación y ‘retrofit’, de arquitecturas cuya piel exterior refleja el vivir cotidiano: una relación tenue entre los individuos y el medio ambiente. Se trata de unas series de relaciones espaciales que son resultado de una constante negociación con el conflicto, la distribución de los recursos y la imaginación. Todas estas dinámicas nunca forman parte de las estrategias de construcción y desarrollo de la ciudad oficial formal, que cada día se hace a sí misma menos sustentable. Son estos enclaves de precariedad los que deberían de elevarse como lugares críticos de producción –no de consumo- desde donde redefinir los significados de la infraestructura, la densidad y la vivienda.

Arquitecturas débiles: El activismo del espacio
Uno de los preceptos mas influyentes en el repensar de las lógicas excluyentes de la urbanización contemporánea en los últimos tiempos es la noción de la arquitectura débil expresada por Ignasi De Sola Morales, quien enmarcó el papel de la arquitectura en la interpretación de nuestra crisis actual y de nuestra condición cultural contemporánea, plural, multiforme y compleja. También sugería el repensar del papel del espacio vacío en la construcción de la ciudad, como también el nuevo rol que los medios de representación juegan en amplificar el valor de lo marginal. Aquí se refería a la fotografía no como icono sino como índex que mide las historias invisibles de la ciudad contemporánea y sus conflictos. No es la centralidad de la imagen misma sino la resonancia que la imagen deja después de la mirada: el sustantivo se convierte en verbo; es el activismo de la imagen.

Esta noción de lo ‘débil’ también sugiere el repensar de los lugares de investigación e intervención artística, activando lo marginal no solo desde una representación simbólica, sino principalmente como proceso. La desmonumentalización de la imagen, desplazando su poder simplemente metafórico, hacia la radicalización del contexto desde el cual esta emerge: que temporalidades construyen estos espacios, que contingencias socio-económicas definen estas construcciones? La praxis de la imagen sugiere un papel mediador desde donde compenetrarnos con el conflicto.

Cosmologías de lo cotidiano: poética y praxis
La aspiración de la vanguardia histórica siempre fue la de crear un vínculo crítico entre el arte y la vida, detonando la capacidad creativa escondida en lo cotidiano. El urbanismo, la arquitectura y las prácticas artísticas contemporáneas podrían amplificar esta posibilidad de reconexión. ¿Cómo producir una relación mucho más funcional entre el arte, lo cotidiano y la construcción de la ciudad?; ¿cómo dar forma al Habitar en la Tierra?

Esta relación con las realidades inscritas en lo terrestre implica articular ideas que puedan infiltrar la dimensión operativa de lo cotidiano. Mediar entre la fenomenología del lugar y su complicidad con las necesidades socio-económicas del espacio emergente. Estos lugares marginales son emblemáticos de la paradoja que existe en cada fragmento de la realidad: el doble filo de lo real; la simultaneidad de lo poético y lo trágico, lo pintoresco y lo sublime.

Estos espacios son dobles. Por un lado, están impregnados de cosmologías de lo cotidiano, que, como una piel interior, crean un tapiz tenue hecho de interioridad, la acumulación de objetos y trazos que representan sueños, aspiraciones. No puedo evitar aceptar que detrás de las imágenes de Vivir en la Tierra y su precariedad socio-económica y sus espacios auto-construidos siempre hay una dimensión poética y subjetiva. El espacio psico-geográfico que solo el individuo y su batalla con las cosas y las emociones puede construir. Pero antes de convertir todo esto en una visión romántica de lo precario, estas imágenes, estos espacios, complican nuestra percepción al catapultar la praxis que esta inscrita detrás de estos gestos. En otras palabras, estos espacios son puro ‘uso’, un compendio de hábitos y maneras de actuar. Cada articulación tectónica responde a un gesto urgente por resolver lo cotidiano a través de una series de alteraciones y adaptaciones que median los conflictos de cada día. Aquí el espacio esta construido por la relación funcional tenue entre el habitante y su entorno. Cada gesto, cuenta. Nada es superfluo. Todo es necesario.

Como arquitecto, siempre me ha interesado esta doble identidad, que emerge de la guerra entre lo invisible y lo visible: la simultánea tarea de la arquitectura de espacializar lo poético y construir lo político; la arquitectura como la evidencia misma del existir, en relación con lo usos, sus necesidades y sus conflictos. ¿Cuál es entonces el papel del arte en relación a estas dinámicas? ¿Cómo ‘entran’ los ojos del artista dentro de estos espacios y sus conflictos y cuáles son sus tácticas de relación con lo cotidiano, con los sujetos y los objetos de su documentación, sin recurrir a los procedimientos normativos de colonización y domesticación de lo informal en manos de las instituciones culturales?

Utopías modestas: estrategias de mediación con lo existente
Recientemente, la artista Tania Bruguera me sugirió que en estos momentos de crisis se daba el perfecto instante histórico para regresar el urinal de Duchamp al baño. A mi manera de ver, este provocativo y breve manifiesto corresponde con la necesidad de re-imaginar la utopía. Activarla menos como resultado de una imaginación sin límites, que como respuesta a un sentido de urgencia –actual- que nos empuja a imaginar lo posible. Aquí los ojos del artista se convierten en interlocutores de la crisis, él es el que media las miradas. Me interesa mucho la metodología que el artista construye para lograr ser el invisible portavoz de las contradicciones y las controversias.

Precisamente ese sentido de mediación me hace imaginar a Andy Goldstein como un ‘Virgilio’, quien nos guía a través de los espacios de Vivir en la Tierra, calibrando tácticamente las miradas, los tiempos y los panoramas.  A lo que me refiero es a que, al presenciar estas imágenes, el autor desaparece y somos nosotros, los observadores, los que nos precipitamos dentro de esa realidad. El autor es el ‘coyote’ que facilita cruzar esa frontera. Me hace pensar que estos no son simplemente retratos o documentación gratuita de lo existente. Son conversaciones con la co-existencia. Esta fusión de la imagen y la experiencia es resultado de una empatía absoluta por un sentido de urgencia, que redefine los límites de las percepciones, entre los que están afuera y los que están adentro. Nadie es turista. Todos somos habitantes.

Este sentido de convergencia entre la imagen y todos los actores dentro y fuera de ella, es resultado de entender minuciosamente el tiempo y sus efectos en el espacio y los personajes. Cómo quisiera que la arquitectura pudiera realmente lograr esas correspondencias: temporalizar el espacio; orquestar los tiempos necesarios para convertir al sujeto en actor ‘performático’ de su medio ambiente; anticipar el encuentro; revertir los papeles (no son ellos los retratados somos nosotros); tejer el espacio físico y psicológico…

La manera en que Andy se introduce, adapta y reconstruye estos espacios son resultado de una gran sutileza y agilidad que evitan la colonización de estas realidades. Es una actitud que también debería de caracterizar al urbanismo contemporáneo: la de crear un proceso de intervención ‘homeopática’ que facilite las energías internas de los lugares y sus habitantes para activar sus potencialidades e identidades, en vez de siempre querer ‘curar’ forzosamente los males urbanos, eliminando lo existente como punto de partida.

Es por esto que el proceso detrás de Vivir en La Tierra, a manera del urbanismo informal, esta hecho de una constante vulnerabilidad, donde la negociación con las comunidades, sus recursos y las agencias que las representan, los procedimientos técnicos y sus consecuencias perceptuales y emotivas, se funden para visibilizar el contenido de estos espacios. Me refiero a que la intervención artística en este proceso ha requerido una series de protocolos dialógicos; no es unilateral, sino que depende de una serie de colaboraciones y transferencias que le dan sustentabilidad al proyecto. El papel que la organización no gubernamental TECHO juega en este proceso, por ejemplo, es importantísimo en el pre y post proyecto. Estas ‘bisagras’ sociales-institucionales que vinculan al artista con las comunidades y ofrecen el conocimiento socio-político del proceso son esenciales para intervenir en el urbanismo informal y de conflicto.  Por otro lado, también el papel que juega el momento técnico de calibrar el dispositivo de la cámara y la temporalidad del registro. Esta es la bisagra mas importante: el momento en que los gestos de los ‘retratados’ se re-articulan con la modulación del tiempo que se requiere, en ambos, el tomar la foto misma, bajo esa luz tenue, y en el tejer fotográfico del panorama. En otras palabras, algo muy especial sucede cuando el ‘shutter secuencial’ de la cámara de Andy invita al sujeto a detener el tiempo y durante ese proceso diluir las expectativas abriendo un espacio de confianza mutua, de comunicación gestual (cada foto requiere que los sujetos permanezcan inmóviles por varios segundos). Esta temporalización del diálogo entre la cámara y el sujeto es el material que construye el espacio emotivo de la imagen y revela la identidad profunda de Vivir en la Tierra.

La Vivienda de emergencia como infraestructura social
Vivir en la Tierra, entonces, presenta la evidencia palpable de que son los lugares marginales los que demandan la transformación de las instituciones que construyen y representan la ciudad. Estos son los espacios que proponen un cambio radical de paradigmas hacia la vivienda y la infraestructura: ¿cómo cambiar la mirada del desarrollo urbano que se perpetúa a sí mismo  como instrumento de colonización de las identidades y la diferencia, consolidándolas en privilegiados enclaves homogéneos de consumo? Son exactamente estas geografías de conflicto y precariedad desde donde podemos generar nuevos acercamientos conceptuales a la construcción de la vivienda social y del barrio marginal, visualizándolos como sitios de producción cultural. Una diferente noción de infraestructura puede surgir al entender la vivienda no solo como un techo sino como un derecho cívico, al aceptar que no basta construir casas sino que también es esencial construir comunidades. La manera en que estas imágenes tejen lo material y lo social sugieren que la arquitectura, como dijo el poeta chileno Godofredo Iommi, es la piel de la actividad humana y la ciudad un organismo en constante mutación, donde las identidades se construyen cada día a través de las relaciones socio-económicas.

Es importante amplificar al final de estas reflexiones que es la radicalización de lo específico lo que puede permitir la emergencia de nuevas prácticas artísticas y que es la confrontación directa con las preguntas que estos espacios generan el instrumento para repensar las instituciones: ¿cómo construir una ciudad hecha de imaginación cívica y de justicia social? ¿Cómo pueden las comunidades gestionar sus propios modos de producción y sustentabilidad, donde la inteligencia creativa de la auto-construcción pueda inspirar nuevos interfaces entre lo formal y lo informal, repensando el desarrollo urbano? ¿Cómo imaginar una diferente política del uso del suelo que sea inclusiva de las cosmologías cotidianas y permita la coexistencia de opuestos? ¿Cómo absorber las contingencias temporales, sociales y económicas que transforman el territorio? ¿Cómo imaginar el tejido urbano a partir de las relaciones sociales, los espacios y los interiores, en lugar de los objetos? Estas son las preguntas que siempre me han retado como arquitecto y creo que son las preguntas que fundamentalmente abre Andy Goldstein al repensar las maneras de representar el Vivir en la Tierra, no como imágenes aisladas sino como un tejido continuo de trazos de una praxis humana simultáneamente echa de pura emergencia, necesidad y posibilidad.

Teddy Cruz

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Curriculum Teddy Cruz
Has been recognized internationally for his urban research of the Tijuana-San Diego border, and in collaboration with community-based nonprofit organizations for advancing new models of civic participation, affordable housing and public infrastructure at the scale of neighborhoods. He received the prestigious Rome Prize in Architecture, was the first recipient of the James Stirling Memorial Lecture On The City Prize and the FORD Foundation selected him for the “Visionary Leader Award,” an important recognition given to a few individuals worldwide for their innovative efforts on the front lines of key social issues. His work has been profiled in important publications including The New York Times, Domus and Harvard Design Magazine. Most recently, he represented the US in the Venice Architecture Biennial and his work was included in Small Scale, Big Change exhibition at the Museum of Modern Art in New York. He is currently a professor in public culture and urbanism in the Visual Arts Department at University of California, San Diego, where he founded CUE / Center for Urban Ecologies.

 

 
   
   
   

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