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 La muerte de la muerte y otras imágenes digitalesLa Capital, Rosario, Argentina. Viernes 16 de junio de1995
 

ESCENAS DE LA PÉRDIDA DE LA MEMORIA Y DE LOS LUGARES DE LA GENTE COMO UNO

La muerte de la muerte y otras imágenes digitales
ANDY GOLDSTEIN PRESENTA UNA RETROSPECTIVA DE SU OBRA EN EL CENTRO CULTURAL BERNARDINO RIVADAVIA

Andy Goldstein llenó con sus fotografías la sala Leónidas Gambartes del Centro Cultural Bernardino Rivadavia. Una serie de hombres que se metamorfosean en árboles a través de nuevos procedimientos por computadora, historias de la muerte de la muerte (un recorrido desolador por los cementerios de Buenos Aires durante la época del Proceso) e imágenes de diferentes grupos sociales en sus espacios naturales son presentadas como diferentes etapas y visiones de su compromiso con la imagen.

Por Fernando Farina

 

“Actualmente —explica Goldstein— solamente trabajo con computadora. Estoy desarrollando un proyecto a través del reprocesamiento de las imágenes. Saco fotos que mezclo y luego vuelvo a obtener un nuevo negativo que copio”.

—¿Esto lo aleja de la fotografía?

—También me lo pregunto. Diría que todas las cosas en la vida tienen una secuencia que a veces es misteriosa hasta que no se concreta. Hice un camino muy largo durante 30 años. Empecé sacando fotos con teleobjetivo a mucha distancia; tratando de que fueran lo más naturalistas posibles, que los modelos no notaran que los estaba fotografiando. Ponía el énfasis en que yo estuviera evaporado de la situación. Pero con el tiempo inicié un camino donde cada vez más rompí con ese naturalismo

para acercarme a mis modelos hasta que en un momento no me satisfizo más la fotografía directa, porque estaba muy fascinado con un mundo imaginario más interno.

—¿En ese momento empieza a crear con la computadora?

—No, sencillamente dejé de sacar fotos y me puse a pintar, porque sentía que tenia cosas adentro que no podía encontrar en el mundo real. Y paralelamente descubrí las posibilidades de la computadora y de las imágenes digitales, hasta que naturalmente llegué a sintetizar las dos cosas y empezaron a salir nuevas imágenes, para mi propio asombro.

—¿Cuáles fueron los trabajos que marcaron su producción?

—En esta muestra presento tres trabajos de diferentes épocas. “La muerte de la muerte”, el más viejo, fue hecho en pleno Proceso. Lo terminé en el 79 y alegremente lo hice en los cementerios de la provincia de Buenos Aires, creyendo que eran un lugar segurísimo. Ya por andar por la calle con cámara de fotos me habían agarrado de las pestañas en averiguación de antecedentes, y sentía que el asunto era complicado. Hacer fotos en la calle, en exteriores me parecía peligroso, así que pensé en ir a un lugar donde nadie me dijera nada, y elegí los cementerios sin saber lo que estaba pasando en esos mismos lugares. Fue un trabajo de un año sobre la pérdida de la memoria, en el que recorrí la provincia.

—¿Tenia una intención política manifiesta?

—Leída la obra ahora, tiene un enganche social impresionante con lo que estaba pasando, pero en ese momento no me daba cuenta. Yo sólo sabía que estaba trabajando sobre el deterioro de la memoria, en la observación de que todo quedaba en la nada y se perdían los datos de las personas que estaban muertas. Mi trabajo tenia que ver con la desaparición y en ese momento elegí una cita de Walter Benjamin que directamente habla de desaparecidos, pero no tenía la más mínima idea de lo que ocurría. Otro trabajo, que también presento en esta muestra, se llama “Gente de su casa”, lo hice en el ’85 y trata sobre diferentes grupos sociales. Partí de pensar que desde hace 150 años la fotografía está instalada en el imaginario colectivo y que todo el mundo tiene alguna forma de relacionarse con ella. Entonces me pregunté qué pasará con las distintas subculturas como psicoanalistas, bailarinas, mozos, porteros, artesanos y gente de una villa, si les digo exactamente lo mismo a todos: elijan algún lugar de la casa que quieran mostrar y pónganse como quieran. Hice eso y aparecieron entonces patrones comunes, como cuando fotografié a los psicoanalistas.

—¿Aparecía el retrato de Freud?

—No, y aclaro que yo iba en blanco y también me sorprendía con lo que aparecía. Pero en este caso fueron las plantas, la luz, y en última instancia algunos determinantes de cultura con mayúscula como libros o algún cuadro.

—¿Y en el caso de los porteros y mozos?

—En todos ellos el televisor era una constante; querían que apareciera en la foto. Otra cosa: todas las mujeres de este grupo eligieron salir de pie, y los hombres, sentados.

—¿En qué consisten las últimas producciones que está haciendo?

—Desde hace un año trabajo con imágenes digitales en cuestiones que están muy relacionadas en mi imaginario: el árbol, la cruz, los hombres y las mujeres. Son fotos de desnudos, o de partes de cuerpos que se transforman en árboles; hay todo un juego alrededor de eso. El aspecto es de fotografías que no son posibles porque no se encuentran en la naturaleza.

Usted tiene una fotogalería en Buenos Aires. ¿Qué tipo de materiales recibe?

—Siempre tuve una actitud muy abierta con el material que me era ofrecido y expuse cualquier cosa que tuviera algo interesante, claro que sólo si era inédita y no una copia de algo que se vio antes. Porque no me parece en absoluto adecuado pensar que tienen que tener una determinada linea; lo importante es lo que cada artista va sacando de adentro. Recibo a muchísima gente que viene a mostrarme cosas, pero algo que me parece lamentable es que demasiados caen en pensar que la técnica no es importante.

—¿La idea de la instantaneidad marca muchas obras fotográficas?

—Algunos están dentro de la instantaneidad o más bien de la documentalidad pero no veo que particularmente la mayor parte de las producciones estén por ese lado. Cada imagen, sea la que sea, tiene que tener una técnica particular, que a veces indica que tiene que tirarse la cámara por el aire con disparador automático y atajarla antes de que choque contra el piso.

Fernando Farina

 
Fotografía de la serie "Gente en su Casa"
 
   
   
   

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