TEXTOS
 
 Dorana Carrera Ortiz entrevista a Andy Goldstein. Entrevista radial en su programa Puentes de la diosa. Buenos Aires. 2014
 

DORANA CARRERA ORTIZ ENTREVISTA AL FOTÓGRAFO ANDY GOLDSTEIN 

   

Esta es una versión editada -para adaptarla al lenguaje escrito- de un reportaje radiofónico realizado por Dorana Carrera Ortiz
en su programa Puentes de la diosa (www.mentelibre.com.ar) el día viernes 11 de julio de 2014.
El audio de la versión original de la entrevista -completa, sin editar- está disponible aquí: audio completo.

 

Dorana Carrera Ortiz: Andy, para vos ¿qué fue y qué es hoy la fotografía?
Andy Goldstein: La fotografía me acompañó desde muy chiquitito, de modo que, así como algunos chicos tienen un juguete o un trapito acompañante, yo tenía una cámara de fotos acompañante. Y me refiero a que a los 7 años ya sacaba fotos. Jugaba con la cámara, por supuesto, pero podía hacerlo porque mi papá tenía una óptica. Era óptico. Y le gustaba mucho la fotografía. Era fotógrafo aficionado y también filmaba. De alguna manera me transmitía ese afecto por las imágenes tanto fotográficas como cinematográficas y por otro lado, yo tenía habilitado un permiso poco habitual: tenía acceso a cámaras y rollos fotográficos y a todo el proceso de la fotografía. De manera que la fotografía me fue acompañando a lo largo de la vida. A veces pienso que, en realidad, era yo quien acompañaba a la fotografía más que la fotografía me acompañara a mí. Y, por supuesto, hubo momentos en que también me peleaba con la fotografía. Me decía: “bueno basta!, tengo otros intereses, me atraen otras cosas”, pero la fotografía siempre volvía y, con el tiempo terminé aceptándolo. No me queda más remedio.

 

¿Cuando te peleabas con la fotografía ¿qué hacías?
Mi atención se focalizaba en otras cuestiones que también eran atractivas e interesantes para mí. Al principio los mandatos familiares o sociales también aportaban “su granito de arena”. En mi adolescencia, para “ser alguien” había que tener una profesión. Y no cualquiera. Tenía que ser médico o ingeniero… arquitecto ya era una opción de segunda categoría.

 

Pero es interesantísimo, porque definirse como artista, es un desafío que los chicos de hoy también enfrentan, aunque hay mayor oferta y mayor flexibilidad. Es fuertísimo, porque la respuesta que vos tuviste que dar, decir: bueno, yo me mando por acá… es la misma. Pasa el tiempo pero sigue habiendo como una especie de barrera a franquear. ¿Cómo fue que vos te decidiste? …dijiste… ¡ya!...
De alguna manera, el contexto, el entorno, las personas que me rodeaban, las circunstancias, me volvían a empujar hacia la fotografía. Por ejemplo sacaba alguna foto y había gente que decía “ah! qué bien qué bien! yo quiero una foto”. Y de golpe me encontraba con que tenía una especie de “clientela” posible, hipotética… siempre girando alrededor del retrato. Así fueron mis comienzos profesionales. Y eso me impulsó -más todavía- a estudiar, lo cual, lamentablemente, era bastante dificil en aquella época. En muchos sentidos mi formación tenía que ser autodidacta porque resultaba dificilísimo encontrar maestros. Tenía que buscarlos con lupa. Y todo esto fue configurando una formación bastante ecléctica porque no había otra manera de hacerlo y que, con el tiempo, me llevó a plantearme cómo debía ser una institución educativa alrededor de la fotografía, cuál debía ser la manera de hacerla… y esto inevitablemente me llevó a decir, bueno… si no hay la tengo que hacer yo.

 

Claro, y ¿qué características tiene la educación para un fotógrafo?
Creo que esto toca bastante con la problemática que manejás vos en tu programa, y supongo que no solo en tu programa. El problema es que por un lado debe haber una formación técnica que tiene que ser muy sólida, como en cualquier otra disciplina, porque eso va a sostener el entramado de lo que venga adelante. Pero lo realmente complejo es cómo formar “humanistas”, es decir, personas que miren el mundo, el contexto, el entorno, las problemáticas sociales, culturales, de todo tipo. Que lo miren con una percepción ampliada, es decir que no solo esté involucrada la razón sino también la emoción. No hay emoción si uno no puede llegar, (como sospecho que te gustaría decirlo a vos) al alma, si uno no puede involucrarse emocionalmente con la escena, con el otro. Entonces, transmitir estas ideas implica una formación que tiene que abordar muchos asuntos, no es solo fotografía, de ninguna manera es solo fotografía… es literatura, es arte de todo tipo. Es pintura, es cine, es música. Es decir, todo eso que construye el espíritu -el alma, si te gusta- de las personas.

 

Lo que vos nos proponés es que para poder hacer foco tenemos que ampliar la mirada, si no no hay foco posible, y para ampliar la mirada tenemos que incluir el corazón. Lo técnico de la razón y lo bueno del corazón. Y ahí parece que empieza la “magia” ¿no? Y, en tu experiencia, ¿vos creés que hay miradas regionales? por ejemplo: ¿los latinos sacamos fotos o miramos de diferente manera que los europeos, o los asiáticos? ¿A determinadas comunidades les llama más la atención ciertos temas más que otros?
Creo que esta es una cuestión conceptual más general, que involucra a las sociedades y de las culturas, más que de la fotografía en particular. En todo caso, si no queremos expandirlo demasiado, diría que es un problema del arte en general, o de los artistas en general. Por lo tanto, de ninguna manera es posible comparar las problemáticas y las experiencias culturales, sociales y políticas que tiene Latinoamérica con las de ciertas regiones desarrolladas de Europa.Esto quiere decir que un artista latinoamericano (de cualquier disciplina, no solo de la fotografía) le va a prestar atención, se va a conmover, se va a emocionar, con ciertas cuestiones y ciertas problemáticas que son completamente distintas de las de los europeos o los norteamericanos. Por lo tanto, sí, yo percibo diferencias entre artistas del primer mundo y el tercer mundo.

 

¿Cuál sería para vos la pincelada o la diferencia o la sutileza o el rasgo?
En general la obra de los artistas latinoamericanos es una obra más viva, más dramática, más extrema. Cuando miro la obra que están produciendo los artistas europeos la sensación que me queda es que es como si estuvieran más en sordina, más atenuados. Como si antes de producir su obra hubieran tomado un calmante…

 

Es verdad. Y siguiendo con esta imagen de las miradas, vos decís con toda claridad “no hay artistas sin contexto”, o sea, todos los artistas surgen de un determinado contexto social e histórico y desde ahí producen su obra ¿no? Pero siguiendo este ejemplo y profundizándolo más, ¿vos considerás que hay una mirada de las mujeres? ¿Que las mujeres tenemos miradas temáticas, colores, texturas, luces, diferentes a las fotografías producidas por los artistas varones?
Yo no alcanzo a distinguir esas diferencias. Me lo han preguntado y se escucha bastante, pero cuando uno mira buenas obras de arte, de cualquier disciplina, de mujeres y de varones, cuando son buenas… son buenas y punto.

 

¿Qué tiene que tener una foto para ser buena? Y te prometo que no te voy a mostrar las fotos de mi nene. Pero viste que la gente se pregunta ¿y esto por qué es bueno?
Fundamentalmente dos cosas. Creo que tienen que conmover y tienen que estar en metáfora, las dos cosas al mismo tiempo. Creo que las obras que no tienen un significado polisémico, es decir, que no se abren a distintos niveles de interpretación posible, difícilmente puedan ser trascendentes a lo largo del tiempo, incluso de las generaciones. Un ejemplo híper sencillo, porque es muy simple y todo el mundo lo conoce, es La Gioconda que se presenta en el límite de la ambigüedad (¿sonríe? ¿por qué sonríe?) y permite proyectar sobre esa imagen los propios deseos y fantasías y fantasmas… Entonces ése es el camino, y cuando la obra no está en metáfora más temprano que tarde se gasta.

 

¿Podemos sanarnos con la fotografía?
Esta es una pregunta muy compleja que requiere retroceder un poco. Primero habría que pensar un poquito, sin intentar llegar a ninguna conclusión, acerca de para qué sirve una fotografía o qué es una fotografía. A mí me gusta compararla con la escritura en el sentido de que saber escribir te puede permitir producir una obra como “Cien años de soledad” pero también redactar un contrato de compraventa o una partida de nacimiento  o una nota para el almacenero. De manera que con la fotografía pasa algo similar. Es una manera de extender el sentido de la vista y, simultáneamente, realizar un recorte de la realidad y una documentación. Todo al mismo tiempo. De manera que podría suceder que cierta fotografía a una persona en particular le remueva cosas y le produzca un montón de desencadenantes que terminen ampliando su campo de comprensión. “La cámara lúcida”, el excelente libro de Roland Barthes está basado en el análisis que hace de una fotografía de su madre. Fotografía que no conocemos porque no se incluye en el libro, pero acerca de la cual Barthes desarrolla una serie de reflexiones profundísimas sobre la potencialidad de la fotografía, definiendo cuestiones que luego van a ser muy utilizadas en el campo teórico y en el campo real de la fotografía. De modo que no es una pregunta que uno pueda responder con un “Sí, sirve para esto o para aquello…” La fotografía sirve tanto para un barrido como para un fregado. Sirve para lo que sea. Como artista, puedo intentar utilizar con mayor o menor éxito un recurso técnico como puede ser la fotografía para documentar cosas que a mí me emocionan, me inquietan, me angustian, me divierten o lo que fuere. Ahora, al final, cuando la obra está terminada uno la exhibe y es como tirar un mensaje en una botella al mar. A alguien le puede conmover y puede servirle para procesar cosas como cualquier otro tipo de imagen, incluso imágenes soñadas. Y otra persona la mira y pasa de largo.

 

Me impactó tu respuesta porque me hiciste acordar de un hecho personal que nos pasó hace dos años. Yo tengo un nene de 3 años recién cumplidos. Cuando iba a cumplir un año, mi abuela tenía 102 años y yo me dije: quiero fotografiar a toda la familia. Mis padres, mis suegros, mi cuñada y mi abuela. Para que le quede como testimonio de la familia a Uriel: “esto es la familia”. Y fue impresionante porque hubo un momento, un instante en que, mientras preparábamos la foto, mi abuela quedó sola, sentada en un sillón. Estábamos Adrián, mi marido y yo con ella y el fotógrafo. Uriel, mi hijo, estaba yendo y viniendo. Y ella nos mira y su mirada decía “Me entrego hasta acá”. Mi abuela era muy distante, muy así… muy… y sentí que se entregó y le sacaron unas fotos bellísimas. Al mes falleció.
Bueno, acabás de describir algo que yo trato de transmitirle a mis alumnos muchas veces, que es la clave de una buena fotografía: la conexión con la escena. Uno no puede conectar emocionalmente con lo que está sucediendo desde la racionalidad, no puede decir “Ah, yo estoy aquí, mis modelos están allá, la cámara está entre nosotros y “me protege”… No, hay un momento donde tiene que fluir esa emoción, que es de ida y vuelta. Algo muy fuerte pasa entre todos los que están involucrados en la escena sin que nadie quede afuera de la situación, y en ese momento se va conseguir una buena foto y si no… si alguien se queda afuera, está afuera...

 

Eso es muy impresionante, porque si yo no hubiera tenido esa oportunidad no hubiera podido sentir a mi abuela abriéndose y despidiéndose con todo: con sus plumas y sus luces y con sus sombras y sus oscuridades ¿no?
Sí, pero fíjate que tu abuela se abrió pero vos también. No se abrió ella sola, este es el punto clave, fueron todos: vos la sentías a ella pero ella te estaba sintiendo a vos. Era mutuo. Es una situación dialéctica.

 

La fotografía transmite lo que se ve y lo que no se ve. Como diría El Principito “Lo esencial es invisible a los ojos”.
Es exactamente la escena con tu abuela. Mejor ejemplo no vamos a conseguir. Porque vos percibiste que ella estaba transmitiéndote algo pero ella también percibió lo que vos sentías.

 

Hay veces que algo nos nutre, nos imprime, nos impacta. Del estilo “vi o experimenté tal cosa y mucho tiempo después me di cuenta que a partir de eso que había visto desarrollé todo un proyecto”. ¿Hubo algo así o –mejor aun- hay algo así que te nutre hoy, que te inspira?
Los artistas solemos trabajar sobre la idea de la repetición con variación. Es decir, no es una repetición sistemática sino algo que estamos probando, ensayando todas las variantes, y que va posibilitando un cambio que es en espiral. Va a volver a pasar, pero va ampliando, va cada vez más lejos o más profundo, o más cerca, más íntimo. Entonces es bastante difícil decir “Ah, vi esto y cambié mi estilo o mi tema…” Probablemente cuando ves eso, de lo cual, por supuesto que tengo ejemplos personales, es porque ya lo estabas buscando antes, porque ya estabas intentando cosas que se le acercaban y de golpe la solución, “la idea”, aparece súbitamente como una intuición. Que es, creo yo, una de las más complejas y sofisticas operaciones que puede hacer la mente. A veces uno trata de separar lo racional y lo intuitivo como si fueran dos fuerzas opuestas pero en realidad yo creo que lo que hace la intuición es juntar una enorme cantidad de información proveniente de las más diversas fuentes. A veces absurdas, a veces ridículas, locas… y la mente procesa todo eso y de golpe saca, no sabe de dónde, pero en realidad es de todo lo que fue absorbiendo, absorbiendo, armando y desarmando, desestructurando y reestructurando de otras maneras, lo que nos lleva al juego,que es la base de todo este proceso.

 

La intuición: me acabás de sorprender por poder nombrarla! Y ahora agregás que, además de esto, lo que nutre a tu fotógrafo y a todo artista es la posibilidad de jugar.
El juego es la madre de la creación. Si no hay juego, si no hay una actividad lúdica, es imposible pensar que va a haber un acto creador, cualquiera sea. Y no me estoy refiriendo a esculpir “el David” sino incluso a aprender algo nuevo: aprender también es un acto creador.

 

Aprender, jugar y crear, uniste los tres pilares. Parece que esta posibilidad de permitirnos aprender, de equivocarnos, de curiosear, de jugar, de experimentar, de romper reglas, de alguna manera son los motores, los engranajes, las mezclas mágicas de esta poción que tienen que ver con la creatividad. Y ¿qué pensás vos de la frase “yo quiero ser original”? ¿Qué, qué pensás de la originalidad y las copias?
La originalidad tiene que venir de adentro hacia afuera. Estamos hablando de procesos creadores ¿no? o sea, de la actividad artística, porque de eso me estas preguntando. Jamás va a venir de un deseo racional, del tipo “voy a tratar de hacer tal o cual cosa” o “la voy a hacer pero voy a ser muy original entonces le pongo tres narices”: no. No va por ahí y creo que no tiene la más remota importancia ser original porque, primero, es muy difícil: está todo hecho, todos los grandes artistas ya lo han dicho. Los temas son muy poquitos. Es la manera en que uno los aborda emocional y afectivamente, y con una estética que se va a ir construyendo a lo largo de toda una vida. Puliendo la representación de lo que está intentando sacar de adentro, más que documentar desde afuera.

 

“Motzars” son los que se conectan con el corazón. “Salieris” son los que están desde afuera observando el mundo sin conectarse con su corazón. Entonces  ¿cuál es el mensaje para aquellos que quieren pasar de ser fotógrafos aficionados a ser fotógrafos profesionales?
Hay un momento en que uno puede decir: “este es un camino para dedicarle mi vida”. Creo que esta es una manera de interpretar lo que estás diciendo. Pero el mismo problema que en cualquier otra disciplina, es decir ¿cuándo paso de hacer un dibujito en el cuaderno a dedicarme a ser pintor?, o ¿cuándo paso de escribir una composición sobre la vaca a un ensayo, a un cuento, a una novela?. Y ahí, como hablábamos hace un rato, hay que expandir el mundo perceptual. No es algo que se puede hacer centrado exclusivamente en una disciplina técnica específica, como podría ser la fotografía, ya que de eso me ocupo yo. Habría que preguntarle a esa persona “muy bien”, y “¿cuántas películas has visto y que películas has visto?” y “¿a cuántos museos has ido y qué libros has leído?… y así sucesivamente: es un todo. Entonces, en esa gran bolsa de “todo”, uno puede sacar algunas herramientas con las cuales se sienta cómodo para transmitir cosas. En mi caso, yo percibo ciertas situaciones que siento que tengo que documentar, que tengo que registrarlas. ¿Qué va a pasar después con eso? No tengo la menor idea. No lo sé. Pero sí sé que lo puedo hacer. Así como otros pueden desarrollar otro tipo de acciones, lo que yo puedo hacer es documentar y registrar y poner a disposición de otros ciertas imágenes, como podría ser el caso de “Vivir en la tierra”, mi último trabajo. Entonces puedo hacer un registro de eso que estoy viendo, eso que está pasando en este país o en aquel otro país… y puedo mostrarlo. Y luego, una vez más, tiro una botella al mar y ya está.

 

Qué fuerte esto de tirar la botella al mar… la experiencia del desapego… poder soltar… La obra ya no es más tuya: es de todos. Y en el campo del arte o en tu campo específico… ¿Cuál sería tu consejo, para el que “ya está”. Ya está, ya se formó, ya leyó, ya vio películas, ya está sentado en la silla de: “yo soy fotógrafo”?
Y bueno… para ese no hay ningún consejo, porque ese… ya está! Ya llegó, ya está sentado en la silla y ya no lo va a mover nadie, ya está estructurado y tiene pocas chances de seguir desarrollandose, pero en realidad, si quisiera escuchar, podría decirle “mirá, no te la creas”, no te sientes… no te la creas, seguí abriendo, seguí jugando, seguí experimentando… seguí rompiendo. La ruptura es un asunto importantísimo del proceso creador. Ya en los mitos de origen, en los mitos de creación y de destrucción del universo, aparece la cuestión de la ruptura como un punto clave y por lo tanto, como se está hablando de creación, todo acto creador (y me refiero ahora a los artistas) parte de una ruptura. De una ruptura y de una nueva estructuración. Se puede describir una secuencia cíclica del proceso creador: la disconformidad ante una obra ya terminada, lo que lleva a una ruptura (“bueno, ya basta con esto!”), que lleva a un vacío, (la página en blanco), ahí caemos en el mito de creación clásico, (en la biblia dice: “al principio no había nada”) y eso está además muy ligado con un asunto muy oculto en la sociedad occidental, que es la capacidad de aburrirse, que está ligado a la página en blanco. Sólo cuando uno acepta el aburrimiento de la página en blanco, que viene de la ruptura anterior, es que aparece la nueva idea.

 

Me dejaste callada… pero mi silencio dura 20 segundos!, porque realmente, tocaste la fibra sensible de Puentes de la diosa, que es el tema de “los mitos”. Estos mitos creadores del mundo, del universo, son como un gran acto de coraje, ¿no? el coraje de poder romper viejas estructuras y de poder animarnos a decir, esto lo pienso yo o esto lo vi yo, no importa el resto del mundo. Pero no hay creación si no si no te involucrás. Si no entregás tu visión del mundo. Si no, no se puede crear algo nuevo, lo destruís y nada más. Por eso me impactó la forma en que hacés una relación entre creación artística y los mitos…
Andy, muchísimas gracias por este puente maravilloso: la verdad es que quisieramos seguir pero hoy el tiempo se nos acabó.

Viernes 11 de julio de 2014

 
   
   
   

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