Gente en su Casa (1985)


Tapa del libro Gente en su casa, publicado por La Marca Editora. Buenos Aires, 2011

 

 

En Gente en su Casa (Ed. La Marca Editora, Buenos Aires, 2011) traté de confrontar distintos grupos para explorar lo que tentativamente he denominado: “la cultura de la pose”: cada uno de mis modelos, invitado a posar “para un libro de fotos”, debió elegir la postura, la vestimenta y el lugar de su casa que quiso mostrar. Mi intervención se limitó a la elección del punto de vista y a la utilización de velocidades de exposición extremadamente bajas para enfatizar la conciencia del acto fotográfico.

En 1984, la cercanía del 150 aniversario de la invención de la fotografía fue el disparador de este trabajo. Influenciado por las lecturas antropológicas que me ocupaban en esa época, traté de imaginar lo que debió haber supuesto para la gente, en las primeras épocas de la fotografía la posibilidad de ser retratada. Tomando el concepto de “aura” del filósofo Walter Benjamin y la obra del antropólogo social Erwin Goffman, comencé a preguntarme: ¿De qué modo se “presentarían” hoy las personas ante la cámara si el fotógrafo intentara no alterara la escena, o si lo hiciera en el menor grado posible? ¿Cuál sería la estética social, cuáles las costumbres que se pondrían al descubierto? ¿Mostraría cada grupo un patrón común? ¿Existiría un mandato cultural específico que lo llevara a presentarse ante la cámara de tal o cual forma? Pero, ¿cómo conseguir que los modelos asumieran la importancia que ese acto de posar tendría para ellos en el futuro?

La solución fue concebir el trabajo como un libro de fotos, y así lo planifiqué. Debía diseñar unas reglas para asegurarme de que casi todas las decisiones estuvieran en manos del modelo. Yo, por mi parte, me reservé la elección del punto de vista, lo que me permitiría mostrar el contexto en el que la persona se presentaba. La primera regla fue, por lo tanto, invitarles no a posar para mi, sino “para un libro de fotos”; la segunda fue concertar una “cita previa” para dar tiempo a los modelos de tomar conciencia del acto fotográfico y para que les quedara claro “la importancia” de las decisiones que debían tomar.

Los dos años siguientes los invertí en realizar las fotografías.

Mientras el trabajo estaba aún en proceso, Sara Facio, que en aquel entonces dirigía la Fotogalería del Teatro General San Martín, de Buenos Aires, me invitó a exponerlo. La muestra se exhibió en 1985 y suscitó un enorme interés lo que, paradójicamente, me produjo un efecto paralizante. Mientras tanto, cambiaba el país, cambiaban las tecnologías fotográficas y cambiaba yo mismo, pero la llegada del libro a las librerías quedaba pospuesta una y otra vez.

En 2008, y a fin de preservar los negativos originales del deterioro material, los digitalizé, descubriendo entonces que las nuevas tecnologías hacían posible llevar al papel impreso, sin pérdidas, todo el caudal de información contenido en ellos. Así que, un cuarto de siglo más tarde, sentí que, finalmente, había llegado el momento de publicar el libro.